domingo, 2 de octubre de 2016

Sembraron vientos en el PSOE

 
Sucedió. Pedro Sánchez presentó el pasado sábado su dimisión como Secretario General del Partido Socialista tras un trémulo y grotesco Comité Federal. La tensión candente y arrastrada en el seno del PSOE desde la desastrosa era zapateril no hacía más que crecer a pesar del enorme esfuerzo de Sánchez por ocultarla entre sonrisas y postizos ideales socialdemócratas. Fortaleza y energía que, desgraciadamente, llevan ausentes mucho tiempo entre los agonizantes socialistas.

Tras el enésimo hundimiento electoral de su partido en las elecciones vascas y gallegas, y como es costumbre, el ex-líder socialista no se dio por aludido, y, haciendo alarde de una victoria electoral mientras ignoraba la esencia del simple y cristalino mensaje de los españoles, Pedro no creyó necesario ese imprescindible paso atrás del que hablábamos algunos desde hacía tiempo. Desde el pasado 26-J, Sánchez y su egolatría desoían de manera continua las voces que hablaban de España. Una España sumida en un bloqueo tras dos citas electorales. Una España fragmentada a causa de la creciente e inverosímil promesa nacionalista. Una España amenazada por el radicalismo travestido de dulce y bienhechora hada madrina. Una España que, salvando La Moncloa, parecía olvidada por un Pedro Sánchez cada vez más obcecado en ser Presidente para así, hipotecando a los españoles como hizo su predecesor, poder asegurar económicamente el resto de su vida alejado de la laboriosa actividad política. Y es que, Sánchez solo perseguía la fama que otorga la Presidencia del Gobierno, o, si me apuran, una simple cartera ministerial. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones, lo soñado dista mucho de lo real. Al no haber conseguido su propósito de convertirse en un ilustrado mandamás retirado, Pedro toma inevitablemente conciencia de su futuro, que de la noche a la mañana se torna más oscuro e incómodo, pues difícilmente alguien descolgará el teléfono para ofrecerle una vacante en no importa qué puesto directivo.

Con varios meses de retraso, un frustrado Pedro Sánchez abandonaba el sábado la sede socialista por la puerta trasera, después de una votación a mano alzada que dejó clara la voluntad de su Comité Federal de no convertirse en una filial del cargante podemismo, tal y como deseaban algunos miembros del PSOE. Me refiero a los que pactarían con el mismo diablo con tal de salvaguardar sus carteras, y no a los que vociferando improperios a las puertas de Ferraz se hacían llamar militantes. Esos eran los trolls gestados hace tiempo en la matriz de Iglesias y compañía, dedicados en cuerpo y alma al acoso y perturbación del debate político y social. La única diferencia es que esta vez pudimos ponerles cara.
Entre abucheos e insultos, entraban en Ferraz los que no compartían la estrategia de Sánchez y habían decidido emprender una nueva hoja de ruta de cara a sacar a flote la siniestrada nave socialista. Paradójicamente, los que dieron el golpe en la mesa fueron los mismos que, fruto de la cobardía innata de muchos líderes del PSOE, apoyaron a Sánchez en las primarias de 2014 al pensar erróneamente que sería un títere de fácil manejo y sin capacidad de razonamiento propio. Desgraciadamente, lo que inicialmente se ideó como la solución acabó convirtiéndose en el problema, y Pedro intentó emprender un camino independiente. Algunos líderes en la sombra cometieron pues un error de cálculo a la hora de elegir a su candidato postizo, mostrando así una vez más la incapacidad del PSOE para contener y gestionar sus propios tejemanejes. Todo ello hizo estallar la bomba por la que los socialistas pasaron un sábado entero discutiendo en su sede. Con el espectáculo montado durante el Comité Federal tanto fuera como dentro de Ferraz, el debate interno de los socialistas terminó por perder las formas políticas, adoptando un estilo más cercano al género burlesque, demasiado visto, pues el PSOE lo explota con la misma intensidad que Iglesias y sus compañeros.


Utilizando el victimismo que mejor le caracteriza, Sánchez renunciaba a su puesto en la ejecutiva de su partido, no sin antes recordar que, al haber sido elegido hace dos años a través de unas primarias, él y solo él era y sigue siendo el único y legítimo usufructuario de la marca socialista. Una falacia, pues las primarias en un partido político no siempre reflejan la voz de la militancia, y la militancia no es ni por asomo la voz del electorado. Sánchez representó en su día un sentimiento y una circunstancia que hace tiempo se dio, sin embargo, las sucesivas y continuas derrotas electorales le sitúan hoy en las antípodas de lo que fue en aquella primavera del año 2014. Creyéndose poseedor, como digo, de toda autoridad en el seno del Partido Socialista, Sánchez no reparó durante su agridulce mandato en que las bombas que sin control colocaba en la sede de Ferraz estallarían con él dentro, llevándose por delante su raquítica carrera política.

Desde Unidos Podemos olfatean el desastre y deciden unirse para, con tonos hipócritas de compasión, solidarizarse con la causa del soldado Sánchez. Así, mientras Iglesias da la extremaunción a un Sánchez moribundo, Garzón le roba lo que en sus bolsillos queda de valor. Incluso en su tumba política, Sánchez sigue sin percatarse de que la gangrena que ha sufrido su partido es consecuencia, entre otras cosas, de la extrema virulencia con la que se ha propagado el avaricioso germen de Podemos en sus filas.

Pedro Sánchez no ha estado a a altura de la situación de bloqueo institucional que asola actualmente nuestro país. Por mucho que cueste creerlo, la actividad política no se basa en tertulias, entrevistas y proposiciones de ley basadas en un programa electoral. La altura política de un dirigente se refleja en la aptitud del mismo frente a determinadas decisiones que no son del agrado de la opinión pública. Hasta el momento, nadie en el PSOE de Sánchez ha sido capaz de definir hacia dónde gira el timón socialista. Mientras evadían la toma de decisiones, un desorientado pero relajado Sánchez tomaba el sol en las playas de Almería, cuando su cerebro debía situarse en el corazón de su país.

Tanto Pedro Sánchez como los que le creían marioneta sembraron vientos. Hoy, afortunadamente, cosechan tempestades.

No hay comentarios:

Publicar un comentario